martes, 24 de abril de 2012

DIEZ ENFERMEDADES de TRANSMISIÓN ESPIRITUAL


De forma provisional se pueden señalar estas 10 tendencias morbosas en el camino espiritual, que nos separan de este y que en algunas ocasiones son verdaderos escollos insalvables a superar por el buscador que se considera comprometido consigo mismo, pero a menudo cuesta dejar de lado el autoengaño que ello comporta.

1. Espiritualidad de Comida Rápida:
Mezclar la espiritualidad con una cultura que celebra la velocidad, la multitarea y la gratificación instantánea y el resultado es probable que sea espiritualidad de comida rápida. La espiritualidad de comida rápida es un producto de la fantasía común y comprensible que el alivio del sufrimiento de nuestra condición humana puede ser rápido y fácil. Una cosa es clara: la transformación espiritual no se puede tener en una solución rápida.
2. La espiritualidad de imitación:
La espiritualidad de imitación es la tendencia a hablar, vestirse y actuar como nos imaginamos que una persona espiritual, lo haría. Se trata de un tipo de espiritualidad que imita la realización espiritual en la forma en que la tela de piel de leopardo imita a la piel real de un leopardo.
3. Motivaciones confusas:
A pesar de que nuestro deseo de crecer es genuino y puro, a menudo se mezcla con otras motivaciones, entre ellas el deseo de ser amado, el deseo de pertenecer, la necesidad de llenar nuestro vacío interior, la creencia de que el camino espiritual nos liberará de nuestros sufrimientos, y la ambición espiritual (el deseo de ser especiales), ser mejor que, y ser “el elegido”.
4. Identificarse con las experiencias espirituales:
En esta enfermedad, el ego se identifica con nuestras experiencias espirituales y las toma como propias, y empezamos a creer que estamos encarnando ideas que han surgido dentro de nosotros en determinados momentos. En la mayoría de los casos, no dura indefinidamente, aunque tiende a perdurar por largos periodos de tiempo en los que se creen iluminados y/o que funcionan como maestros espirituales.
5. El Ego Espiritualizado:
Esta enfermedad ocurre cuando la propia estructura de la personalidad del ego se mezcla arraigada y profundamente en conceptos espirituales e ideas. El resultado es una estructura del ego que es “a prueba de balas.” Cuando el ego se espiritualiza, somos invulnerables a la ayuda, nueva información o retroalimentación constructiva. Nos convertimos en seres humanos impenetrables y estancamos nuestro crecimiento espiritual, todo ello en nombre de la espiritualidad.
6. La producción en masa de los maestros espirituales:
Hay una serie de tradiciones espirituales de moda en la actualidad que producen personas que se creen estar a un nivel de iluminación espiritual, o maestría, que está mucho más allá de su nivel real. Esta enfermedad funciona como una cinta transportadora espiritual: ponte en este resplandor, consigue aquella visión, y bam! Estás iluminado y listo para iluminar a otros en forma similar. El problema no es que estos profesores instruyan sino que se presentan como si hubiesen alcanzado la maestría espiritual.
7. El orgullo espiritual:
El orgullo espiritual se produce cuando el practicante, a través de años de esfuerzo, en realidad ha alcanzado un cierto nivel de sabiduría y usa ese logro para justificar el cierre a más experiencias. Una sensación de “superioridad espiritual” es otro síntoma de esta enfermedad de transmisión espiritual. Se manifiesta como una sutil sensación de que “yo soy mejor que otros, más sabio, y por encima, porque yo soy espiritual.”
8. La mente del grupo:
También se describe como pensamiento de grupo, la mentalidad de culto, o la enfermedad de ashram, la mente de grupo es un virus insidioso que contiene muchos elementos de la codependencia tradicionales. Un grupo espiritual tiene acuerdos sutiles e inconscientes con respecto a la forma correcta de pensar, hablar, vestirse y actuar. Los individuos y los grupos infectados con “mente de grupo” rechazan los individuos, las actitudes y circunstancias que no se ajusten a las normas a menudo no escritas del grupo.
9. El complejo del pueblo elegido:
Es la creencia de que “Nuestro grupo está más evolucionado espiritualmente, es más potente, inteligente y, en pocas palabras, mejor que cualquier otro grupo”. Existe una importante distinción entre el reconocimiento de que uno ha encontrado el camino correcto, el profesor adecuado, o la comunidad correcta para sí mismos, y el haber encontrado “al elegido”.
10. El virus mortal: “Yo He Llegado”:
Esta enfermedad es tan potente que tiene la capacidad de ser terminal y mortal para nuestra evolución espiritual. Esta es la creencia de que “he llegado” al objetivo final de la senda espiritual. Nuestro progreso espiritual termina en el punto donde se concreta esta idea en nuestra mente, porque el momento en que comenzamos a creer que hemos llegado al final del camino, un mayor crecimiento se detiene. “La esencia del amor es la percepción”, de acuerdo a las enseñanzas de Marc Gafni, “por lo tanto, la esencia del amor propio es la percepción de uno mismo. Sólo te puedes enamorar de alguien a quien puedes ver claramente (incluido a ti mismo). Amar es tener ojos para ver. Es sólo cuando tú puedes verte claramente que puedes comenzar a amarte a ti mismo”.  Es en el espíritu de la enseñanza de Marc que yo creo que una parte fundamental del aprendizaje de discernimiento en el camino espiritual es descubrir la enfermedad del ego y auto-engaño que está en todos nosotros. Ahí es cuando necesitamos sentido del humor y el apoyo de los verdaderos amigos espirituales. Cuando nos enfrentamos a nuestros obstáculos para el crecimiento espiritual, hay ocasiones en que es fácil caer en una sensación de desesperación y disminución-y perder la confianza en el camino. Debemos mantener la fe en nosotros mismos y en otros, con el fin de hacer realmente una diferencia en este mundo.


fuente: Mariana Caplan, adaptado de Eyes Wide Open: El cultivo de discernimiento en el Camino (a través de ABRAZAR la VIDA de Laura FOLLETÓ)

miércoles, 28 de marzo de 2012

Usted, que siempre permanece en el trasfondo....


"Usted no necesita jugar con imágenes consigo misma!. Sin embargo, "usted" que siempre permanece en el trasfondo y engañada con sus propias imágenes, ahí, en esos momentos, está libre del "yo-ego-personalidad". 
¡Sea y manténgase ahí cuanto más tiempo posible, mejor. Lleve esa percepción de sí misma a su vida cotidiana. 
Sacrifique y abandone las imágenes en aras del Yo Interior y se librará de la ilusión en la cual está usted atrapada. 
Esta es la Conciencia Yo Soy, que también es mente, pero gozará con la práctica, del Silencio que emana la Quietud del Sí Mismo. Usted obrando así, se pone directamente bajo el influjo de la Gracia del Absoluto."


 El Advaita en la práctica, texto procedente de HUNDIÉNDOME EN MI MISMO- Ed. INDIGO-2011 - Sri Parameshwar Maharaj

La experiencia mística en el Islam


"Cambiamos de pareja, de profesión, de vida, de casa, y creemos que sólo por eso se produce un cambio real en nosotros. Pero no es cierto. El único cambio real es el de las dimensiones del "yo", no el de sus contenidos. Y de eso es de lo que dan cuenta los sufíes: de que el "yo" puede cambiar. El sufí tiene una experiencia de realidad, y toda experiencia de realidad es transformación. Lo que revelan los sufíes es que estamos inmersos en un proceso. No descubre lo que ignoraba tras su experiencia, sino que experimenta el cambio en él mismo. No es una experiencia de conocimiento sino de realidad. Lo que haya aprendido no nos sirve; sus descripciones de lo que ha sentido nos confunden. Tratamos de elaborar una teología sobre sus experiencias y alejamos de nosotros aún más el objeto de nuestra ansia. Porque la experiencia mítica es ese momento en que toda la Creación dice en el hombre "¿Qué me está pasando? ¡Estoy cambiando!".



Texto de Tarek Faussi http://www.webislam.com/articulos/18763-la_experiencia_mistica_en_el_islam.html

jueves, 23 de febrero de 2012

EL TRABAJO ESPIRITUAL SE HACE EN SOLEDAD



Marie-Madeleine DAVY
Antes que nada yo plantearía la siguiente pregunta: ¿la soledad es elegida, o uno es elegido por ella?. Es evidente que durante la existencia, los acontecimientos pueden hacer de nosotros unos solitarios. En la medida en la que se trata de una soledad profunda, de la búsqueda del fondo, de lo esencial, creo que se es elegido por la soledad.

DECIR SÍ A UNA PRESENCIA
Según San Bernardo: "El hombre es elegido". ¿Elegido por quién? ¿por qué? Yo diría por lo Eterno o también, por su vocación propia, su destino. San Bernardo dirá: "El ser es tomado". El toma aquí un texto bíblico según el cual el hombre es "visto" desde el seno de su madre, amado en el seno de su madre. Es elegido a la vez que tiene la libertad de decir "no". Se puede evocar un texto de Bernardo, concerniente a la Madre Divina. El ángel Gabriel se presenta y le anuncia que va a ser madre. Ella duda. Ella no conoce a nadie. Y la naturaleza entera, las hojas de los arboles, la hierba, las piedras claman: "Di sí, di sí, di sí". Cuando un ser seducido por lo Eterno, es llamado hacia su fondo, todo se tambalea. Este fondo, no puede ser nombrado, no puede ser conocido, no se le ha oído hablar nunca: ni siquiera se tiene una experiencia de ello. ¿Cómo decir sí?. Y si se dice "si", es un "si" que va a ser repetido, no todos los días, sino a cada instante. Porque el misterio de la soledad, tremendo divino y al mismo tiempo difícil de vivir, consiste en orientarse hacia la plenitud de un "sí". ¿Sí a qué? A una Presencia. Podría también decir un "si" a algo que ignoro. A algo que nace en mi, crece en mi, se despliega en mi... y que yo no puedo nombrar.

En la soledad el hombre comprende que es un microcosmos, y que lleva al macrocosmos en si mismo
El riesgo de la soledad absoluta: el eventual encuentro con la locura. Quizás se tiene miedo de la soledad porque se tiene miedo de volverse loco. ¿Por qué loco? Porque las cosas se disipan. De repente la mirada ve, el oído escucha. Un cartujo del siglo XII lo expresa, y yo comento su texto: "cuando me retiro, cuando estoy en soledad, cierro los ojos, no hay nadie alrededor mío, ningún ruido, ningún sonido. Escucho el murmullo del silencio. Y ese silencio es atravesado por gritos, por vociferaciones; son los animales que tengo en mí." En la soledad me veo. En la soledad me encuentro, me conozco.
La soledad es un espejo. Y ¿quién soporta el tener un espejo ante el rostro? Se dice a menudo y se repite que el conocimiento de sí es el más difícil de los conocimientos; la ciencia de las ciencias, el conocimiento de los conocimientos. Si uno está muy sobrecargado, si uno ve muchos rostros, si uno se mantiene en una conversación perpetua, un parloteo exterior o interior, uno no se ve. Se ve a los demás, los rostros las mímicas, pero uno no se ve. La soledad es un espejo. Un espejo excelente, un espejo que retiene todo.
Entonces uno se ve, y se siente horror. ¡Horror de sí! ¿Por qué? Porque uno ve su pobreza, su miseria, cuando lo que habría que ver sería la belleza propia. Convendría ver la grandeza. ¿Por qué una grandeza? ¿Por qué el esplendor? Porque el ser es portador de luz.
El hombre, hasta el ser humano más lastimoso, lleva en sí la imagen divina, la chispa divina. Es un recipiente de luz, de belleza. En la soledad, el hombre su coge su acuerdo con el cosmos. Comprende que él es un microcosmos, que él lleva al macrocosmos en sí. Él es Tierra, él es Aire, Agua, Fuego. Contiene las plantas, el árbol, la flor, los animales, el pájaro y la serpiente. Es un ser humano. Él puede llegar a ser un ser humano completo.

El solitario no tiene nada que acumular; él se libera de estorbos
En la soledad, la dificultad consiste en comprender que lo esencial no es actuar, sino ser. Si nos encontramos a alguien y le preguntamos ¿Qué haces? él responderá precisando lo que hace; tal oficio, tal profesión.... ahora bien, la soledad enseña esto: lo importante es ser, es decir existir llegando a ser auténtico.
El punto es el símbolo de todo esto. El punto es el cruce. El solitario no tiene nada que adquirir, solo tiene que despojarse.

EN LA SOLEDAD ESTAMOS RELIGADOS
En la soledad se va a escuchar, a percibir el susurro del silencio. El silencio tiene una voz. El silencio habla. El silencio enseña. Nos dice algo. Acuérdense de San Bernardo de Claraval. Él está en su celda, las ventanas y las puertas están cerradas. De repente, siente la llegada de una presencia. Él quisiera ver, y no ve nada. Quisiera oír; todo está mudo. Le gustaría palpar con las manos, pero nada puede tocar. Bernardo experimenta en sí mismo algo inusitado. El grano de mostaza del que habla la Biblia, el grano de arroz, la presencia, misteriosa e innombrable, se mueve, como si hubiera una brisa. En el Génesis, el Eterno está en la brisa. Después súbitamente, la presencia desaparece de allí. En la soledad, en los momentos en los que uno se acerca al fondo, estamos religados. ¿Religados a qué? ¿a quién?. Religados al Eterno, religados a algo innombrable. No se puede decir nada, absolutamente nada.
En la soledad mis raíces ya no están pegadas en aquello que es transitorio. Las raíces que se sumergen para hacer subir la savia, no pertenecen ya más al mundo visible. Es el mundo invisible el que nutre; el mundo invisible que no cesa de aligerarnos del peso de las pruebas que nos pone la existencia.

SI AMO, EN LA SOLEDAD SOY COMO UN SOL
En algunos momentos, la soledad parece comparable a una sombra, una niebla, algo denso. No se ve a unos pocos metros por delante y uno parece enloquecer. ¿Por qué? Porque el solitario deja, como dice Chestov, la consciencia común. La omnitud le abandona. Si por ejemplo estamos sentados en un café, y escuchamos las conversaciones ¿De qué hablan? De la ropa, del dinero, de fulanito o menganita ... Ustedes me dirán: "no se va a un café para hablar de cosas profundas". Quizás, pero ¿qué es lo que interesa a la mayoría de las personas?.
Después de haber entrado en el jardín del conocimiento de sí, el solitario entra en la bodega del vino. La bodega del vino significa el amor al otro. Un amor extraordinario, un amor que es difícil ya que no sabemos amar. El solitario va a comprender que lo importante no es ser amado sino amar. Y amar gratuitamente.
Se ven a veces personas depresivas y les solemos decir: "¿Pero por qué estás tan hundido?". Ellas responden: "nadie me quiere, mi pareja no me quiere, mis hijos no me quieren etc...". El secreto que enseña la soledad, la revelación de la soledad, es la escucha de la fuente, y la fuente me dice: "lo esencial no es ser amado, sino amar". Y si yo amo, en mi soledad, me convierto en un Sol.
De una mujer que se encontrara sola en un pueblecito; que no tuviera nadie a quien querer, ni siquiera un gato o un perro, sus hijos estuvieran lejos –o quizás no los tuviera-, su pareja hubiera muerto o la hubiera abandonado. Diríamos: "esta mujer mayor, esta solitaria que no es amada por nadie, ya no cuenta para nada; es algo inútil. Sin embargo, ella esta ahí, viva en su dimensión de profundidad, en su realidad; ella está presente a todos los seres humanos.

EL SOLITARIO ES COMPARABLE A UN TERRENO, IRRIGADO POR UN RIO DE FUEGO QUE NO VIENE DE ÉL
No sé si ustedes se habrán tropezado alguna vez con solitarios. Eso me ha ocurrido a mí dos o tres veces. Hay en su mirada una llama. El solitario es comparable a un terreno, irrigado por un río de fuego que no viene de él. Si se le dice: ¿pero cómo puedes vivir tu soledad, como mantienes tu libertad a pesar del hecho de ser o de no ser amado? Él respondería: "en la dimensión divina, he llegado a ser por la gracia, semejante a una tierra irrigada y luminosa".
¿Cuál es el símbolo del desierto, y por qué el desierto interiorizado nos sumerge en la soledad? El desierto es una tierra estéril, una tierra inhabitada. El desierto designa una tierra en la que se tiene sed. Hay muy pocos pozos. Entonces tenemos sed, pero ¿es que el dinero nos colma? ¿la comodidad y el desahogo humanos nos colman? ¿es que nuestra profesión, incluso si tenemos éxito en ella, nos colma?. No, tenemos sed. ¿Pero sed de que? El solitario va a comprender que tiene sed de eternidad. Tiene sed de algo que no desaparezca, de algo que no pueda morir.
Por que en el fondo, sufrimos por la muerte. La muerte de los que amamos, nuestra propia muerte, pueden despertar nuestro temor. ¿Cómo morimos? El solitario desgarra el velo. El solitario súbitamente comprende algo. Las palabras se mueven, las palabras revelan su sentido secreto.
El desierto interior es alcanzado cuando el hombre comprende que todo debe de interiorizarse. El oído se interioriza, la mirada se interioriza. Y la soledad aviva, despliega el sentido de lo interior. El oído, en el desierto interiorizado, va a captar el murmullo de las fuentes.
Nos encontramos con alguien; nos habla de cosas banales; de repente pronuncia una frase y nos quedamos atónitos. Algo ocurre, su rostro cambia. Me acuerdo de haberme encontrado con una mujer que vivía solitaria. Era extremadamente banal, pero de repente, tuve la impresión de que la experiencia de su dimensión profunda, la experiencia de su fondo, resplandecía en su rostro. Era una mujer que quizás tendría sesenta años y, de repente parecían veinte. Ella no tenía edad, se situaba fuera del tiempo, fuera del espacio.
Todos hemos visto miradas de luz, fugitivas pero luminosas. De vez en cuando, en el rostro, algo aparece, algo se muestra. Si nos asemejamos a una tierra vacía, a un desierto, si aceptamos una verdadera indigencia, entonces la luz llega.

NUNCA TENEMOS QUE ABANDONAR LAS FORMAS, SINO ACEPTAR QUE ELLAS NOS ABANDONEN
Una vez más, en la soledad, no hay nada que adquirir, solamente despojarse. Eckhart, en un poema que se le atribuye –aunque quizás no sea de él- dice: "¡Oh alma mía, sal! ¡Dios mío, entra!".
El último escollo de la soledad y del desierto interiorizado, puede parecer cruel. Estamos atados a las formas: podemos estar estrechamente ligados a nuestra raza, nuestra patria, nuestra familia, a una tradición, una religión precisa. En la soledad, es posible que seamos abandonados por las formas. Nunca tenemos que abandonar las formas, sino que tenemos que aceptar que ellas nos abandonen.
Si yo abandono una forma religiosa por ejemplo a causa de la perversidad de mi existencia, es un error. Si abandono una forma religiosa porque me desencanta parcialmente –por su liturgia por ejemplo- es un error. En la soledad hay una armonía. En la soledad comprendemos que las formas pertenecen al tiempo, que esas formas están en nosotros, y que es importante integrarlas. En la soledad o en el desierto interiorizado, el hombre va a morir, va a morir necesariamente. Morir a lo transitorio, morir al tiempo, morir al espacio. Se va a volver un hombre universal, rigurosamente universal.

EN LA SOLEDAD TENDRE LA CLAVE DE SABER QUE YA SOMOS SERES UNIVERSALES
Yo no oigo el silencio, no percibo mi fuente. ¿Por qué? Porque estoy en el parloteo exterior. Estoy en la danza de las palabras. Estoy en el canto de una expresión. Estoy en el parecer, nada más que en el parecer. Si mi oído interior nace, si en la soledad se despliega, voy a captar, voy a comprender, voy a tener una experiencia de la cercanía a los misterios, a todos los misterios. Yo recibo un don: la llave de la existencia, la llave del "nuevo nacimiento", la llave del hombre nuevo con relación al "hombre viejo". Nosotros ya somos seres eternos, seres solares, seres luminosos. Es evidente que en general no vemos nada de eso, o también como lo expresa El Cantar de los Cantares, se ve a través de la celosía. La soledad, los desiertos provocan un despertar de la escucha. A través del oído interior, es "alguien" en nosotros quien encuentra a "alguien". No son solamente las palabras las que nos atacan, en una conversación banal con alguien. La profundidad brota. Hay un encuentro entre ese grano de mostaza que está en el otro, y el grano de mostaza nuestro. Se descubre que el ser es mejor de lo que él dice, el ser es mejor de lo que él hace; es "desvelado" momentáneamente. Si mi soledad me procura una escucha atenta a la belleza, efectuaré de una manera directa, inconsciente, un cambio en las palabras, una modificación de las frases. Va a haber una especie de metamorfosis.
No es la banalidad lo que retendré sino el sonido de la fuente. El hombre que vive el desierto interiorizado en la soledad, percibe el murmullo de la fuente en el otro... y se maravilla ...


Nacida en París en 1903, María-Magdalena Davy descansa desde el 1 de noviembre de 1998 en el cementerio de santo Clémentin, en el departamento del Deux-Sèvres. 

Texto en idioma francés para saber más sobre MMD

viernes, 20 de enero de 2012

NO EMPUJES EL RÍO, porque fluye solo


Las creencias me traen problemas. Son rígidas. No evolucionan con los cambios que están constantemente ocurriendo. No se adaptan. Tampoco sirve cambiar de creencia, ya que traería los mismos problemas. La creencia excluye toda nueva evidencia, aunque sea o no verdad en un momento dado. Lo que si tiene sentido para mi es la tentatividad, la forma en que caminan los elefantes, que antes de colocar su peso sobre el terreno lo prueban para ver si los sostendrá o no. Cada paso con cada píe, porque la última vez no dice nada acerca de esta vez.  De una carta de Barry STEVENS.




     Barry Stevens (1902-1985) era escritora y  terapeuta Gestáltica, desarrolló su propia sistematización de la Terapia de la gestalt  y el trabajo del cuerpo, basado en el conocimiento de los procesos del cuerpo.
     Para el Movimiento de Potencial Humano de los años 70, ella dio una clase de “magistral”, pero rechazó siempre aceptar este tipo de papeles.
     Trabajó - entre otros - con los psicoterapeutas: Fritz PERLS y Carl ROGERS, y fue amiga de Bertrand RUSSEL y Aldous HUXLEY entre otros.
   

     Obras: Su obra principal es No empujes el río (porque fluye solo), Cuatro Vientos editorial – Chile, 1979. (Se ha reeditado actualmente)
•    Persona a persona: El problema de ser humano,  escrito en conjunto por Carl ROGERS y Barry STEVENS, con contribuciones de Eugene GENDLIN, Juan M. SHLIEN, y Wilson VVAN DUSEN, prensa verdadera de la gente, 1967, ISBN 0-911226-01-X (papel) y ISBN 0-911226-00-1 (paño).
•    Trabajo del cuerpo, en la gestalt  escrito en colaboración con su hijo, también terapeuta, Jhon O. STEVENS  ed., Prensa verdadera de la gente, 1975, P. 157 - 184, ISBN 091122615X pbk.
•    Explosión hacia fuera que ríe, Barry Stevens, Celestrial Arts, 1985.


NO EMPUJES EL RÍO, porque fluye solo

lunes, 2 de enero de 2012

HUNDIÉNDOME en MI MISMO


Vosotros ya sois, lo sepáis o no, sólo que no sabéis qué hacer con esa percepción de ser,  sin embargo la certeza más inequívoca que tenéis es vuestra existencia, sabéis y no dudáis un instante que estáis vivos, que existís. Pues bien, se trata de mantener  continuadamente la percepción de “yo existo” y aislarla de todos los demás mensajes que recibe la consciencia. Tal percepción debe ser sostenida con la mirada interna y nunca perdida de vista. Debéis saltar por encima de cualquier duda que aparezca en la mente y no romper la percepción o consciencia de la propia existencia. Mantenerse en tal estado es denominado como Auto-consciencia la cual debe ser mantenida tanto en estado de meditación como durante la vida cotidiana ocupando el primer plano de entre todas las impresiones que se reciben; ya sean éstas externas o internas, la percepción de YO existo, Yo soy no debe ser barrida por ellas. Pronto se comprende que el que testifica el continuo cambio de las impresiones es el “existente” sin forma capaz de comprender, la Consciencia. Eso es lo que vosotros sois: el Testigo de todo cuanto ocurre a vuestro alrededor, el Observador de la propia existencia y el que sabe que ES. No hay ningún tipo de profundidad en ello, ¡es simple!. ¿Quién se da cuenta de las cosas?. ¡YO!. Esa es la respuesta. Pero ese YO, el que existe, debe ser desvinculado del cuerpo, pues permanece solo sin él. Solamente por la acción de la ignorancia sobre nuestra propia naturaleza es por lo que nos identificamos con el cuerpo incluyéndolo dentro de nuestro sentido de Individualidad. Un poco de práctica romperá esta falsa noción de entidad;  al igual que la mente, que es un fluctuar de pensamientos casi ininterrumpidos,  quedará silenciosa dejando paso a un estado de Silencio, quietud y Paz. Es así como todos los grandes maestros de todas las tradiciones han actuado y han encontrado el Silencio en ellos mismos. ¡No, no hay que visualizar nada!, sólo hay que asirse al sentido de existencia que siempre está ahí acompañándonos, ni siquiera hay que entender algo tan simple, tanto que hasta parece una broma pesada que se hayan levantado filosofías y tradiciones entorno suyo. No hay nada sagrado en ese acto, todo es demasiado natural para concederle una gota de devoción, pero, es la misma naturaleza humana la que crea la ilusión y la confusión de las diferentes metodologías y senderos. Lo único terrible es que nos olvidamos de esta simplicidad y sobre este olvido construimos nuestras vidas buscando sin cesar el bienestar que hemos perdido fuera de nosotros mismos.

Nada hay que buscar y nada hay para encontrar, vosotros sabéis que sois y no dudáis cuando se os habla de vuestra existencia, lo único que debéis hacer es mantener la sensación de ser. Conoceréis de primera mano el por qué la habéis perdido y tomaréis muy en serio esa cosa de la que tanto nos gusta hablar y filosofar, Maya.

Así pues, seguir el hilo de esta certeza de existencia y estaréis recorriendo el camino del Ser definitivamente. Toda enseñanza señala a esto, cuando os re-encontréis ya podéis dejarla, al igual que un ciego deja su bastón cuando recobra la vista. Esta certeza os liberará de todo sufrimiento y os dará la Paz sobre la que tanto y tanto habéis leído.
“Yo soy y sé que Yo Soy” hasta ahí debéis llegar para luego abandonarlo y entrar en el sueño profundo-despierto, estado que también pasó al olvido.

Todas las dudas que aparezcan sobre la práctica, así como experiencias, etc., serán expuestas aquí y se darán las respuestas necesarias para que podáis caminar directos hacia vuestro Ser-Existencia, al que la tradición llama Atman.

Incorporaréis esto al ejercicio: Prestad atención a la respiración, en el punto donde golpea el pecho, en el centro. No concentréis la atención, solo daos cuenta del ir y venir intentando no alterar el flujo natural. La respiración os mostrará su secreto

El Advaita en la práctica, texto procedente de HUNDIÉNDOME EN MI MISMO- Ed. INDIGO-2011 - Sri Parameshwar Maharaj

miércoles, 30 de noviembre de 2011

NADA ha de SER CONOCIDO AHÍ


«Tú eres Eso». Así pues, debemos comprender quién es ese «tú». La palabra «yo» viene de dentro; así pues, lo que nombra «tú» debe ser algo de dentro. Donde no hay nada, a eso se le llama el «cuerpo causal». También es llamado «ignorancia». Hay más felicidad en el cuerpo sutil que en el cuerpo grosero. Por supuesto, también hay felicidad en el cuerpo causal. Si todo desaparece, entonces sólo queda «ése» de quien todo desaparece. Ése de quien todo desaparece es el Presenciador. Esto significa que sólo permanece la Presenciación (el poder de conocer) —sólo un infinitésimo de la Presenciación Absoluta.

Esto es «Existencia-Conocimiento-Felicidad» (Sat-chit-ananda). ¿Quién era el que experimentaba o veía durante el sueño profundo que no había nada? La respuesta es «yo». Así pues, vosotros tuvisteis la experiencia de que no hay nada durante el sueño profundo. La «Existencia-Conocimiento-Felicidad» es el cuarto cuerpo. Él es Dios. Que «no hay nada» durante el sueño profundo es conocido sin la ayuda de la mente. Así pues, dejad en paz a ese «yo soy»; entonces, la modificación de la mente que dice «yo soy» también permanece en reposo. Ni siquiera es necesario ver cómo es esa modificación.

Si uno olvida el cuerpo causal, sólo entonces tiene que recordarlo. No es posible olvidarle; así pues, no tiene que practicarse ninguna contemplación. Uno debe meditar sin ser aconsejado por ningún concepto. Debe ser traído a la mente, y nada ha de ser conocido ahí, porque entonces aparecen dos, uno la mente y lo otro lo que es traído a la mente. Así pues, aparece la dualidad. Si uno trata de comprender sin discriminación, entonces aparece la dualidad. El sentido de ser, que significa «yo soy el que permanece », también ha de ser desechado. No hay nada como el no-sí mismo, pero se habla del no-sí mismo para permitir la comprensión. A menos que se extinga el «yo», no puede verse el Cielo. El Parabrahman es sin dualidad, lo cual significa que nosotros mismos somos «Eso». Por lo tanto, tenemos que ser «Eso» para conocer «Eso». Esto no requiere ningún otro medio, ni ningún otro instrumento. Si tenemos que experimentar algún otro objeto, entonces tenemos que verlo. Pero debido a que nosotros somos «Eso», por naturaleza somos «sólo Eso». Si abandonamos la consciencia de todo lo demás, entonces somos lo que somos. Nosotros no hemos olvidado nunca nuestra verdadera naturaleza. Así pues, no es necesario recordarla.

Sólo si se olvida, tiene que ser recordada. Por lo tanto, nuestra Naturaleza está más allá del recuerdo y del olvido. ¿Qué es la mente? Es exactamente como dormir profundamente por la noche. Todo lo que viene a vuestra memoria como recuerdo, es proclive a la muerte, es decir, está sujeto a ser olvidado.

 Sri Siddharameshwar Maharaj

GRUPO TASIS

INFORMACIÓN sobre el grupo y enlace al mismo https://blog.imx-gp.es/tasis