viernes, 10 de septiembre de 2010

ELLÂM ONRU (V) ACCIÓN

ACCIÓN
1. Toda acción pertenece a Dios. Su Obra ha inscrito cada cosa en sus funciones individuales. Es por El que los seres, animados o inanimados, hacen su papel. Todas las acciones Le pertenecen.

2. Cada ser hace lo que le corresponde. ¿Qué tiene Dios que ver con esto?. Nos interesaremos por los objetos inanimados un poco mas tarde.
Nosotros somos seres sensibles; veamos en primer lugar quien es el autor de nuestras acciones. Todo el mundo desea mejorar su estado, y trabaja para ello. Pero los resultados difieren, aunque el objetivo y el trabajo sean idénticos. ¿por qué esta diferencia en los resultados?. Aquí Dios nos hace comprender que Él es el autor de la acción. Si no fuera así, todos los resultados deberían ser idénticos. Las diferencias de condición no explican nada: ¿Puede existir alguien que no quiera mejorar su situación? Cualquiera que sea su intención hacia los demás, cada individuo es ciertamente honesto en su intención hacia él mismo (por ejemplo para mejorar su situación). Eso no impide que haya diferencias de condición de unos a otros: Todas las acciones son la obra de Dios.

3. Todos los seres tienen la misma intención; sin embargo, sus esfuerzos varían de unos a otros, así como sus resultados. Habiendo dicho esto una pregunta se plantea: ¿Qué es el esfuerzo?. ¿No es solamente un concepto mental?. Todos estos conceptos tienen el mismo origen, a saber: esa intención común a todos (de mejorar la situación); entonces ¿porque ese concepto mental del esfuerzo a realizar difiere de un individuo a otro?. Aquí también, Dios nos enseña que todas las acciones Le pertenecen.

4. Estando establecido que, a pesar de la intención común, el esfuerzo varía según las capacidades individuales, se plantea la pregunta de saber que es lo que condiciona estas capacidades. El origen está en el cuerpo y en lo mental. El entorno puede también influir. Antes de hacer un esfuerzo. Se deben de tener en cuenta todos los factores. Sin embargo, no tenemos un control suficiente de esos factores, como para poder hacer coincidir exactamente el esfuerzo con la tarea a realizar: todas las acciones pertenecen a Dios.

5. Ahora, si se dice que el cuerpo, la mente y el entorno van a ajustarse progresivamente a la tarea que hay que cumplir, se reconoce implícitamente la incapacidad inicial. Esto nos lleva a admitir que todas las acciones son la obra de Dios.

6. ¿Es bueno o es malo que las personas no consigan sus objetivos?. Es ciertamente algo bueno. ¿Por qué?. La mayor parte de las personas son egoístas; juzga entonces tú mismo si su éxito es bueno para el mundo o no. Puede que entonces te preguntes ¿Por qué los esfuerzos de las personas no egoístas, no siempre tienen éxito?. Lo mas probable es que, aunque en apariencia parecen no ser egoístas, algún defecto tienen en este sentido. Esto depende del ego. Si ese supuesto no-egoísmo, engendra una sensación de superioridad sobre nuestro semejantes, Dios se encarga de frenar nuestros ardores, y de recordarnos: "también, tú eres como los demás, y soy Yo quien os gobierna". El verdadero representante de Dios está desprovisto de egoísmo y de ego. Como Dios brilla siempre en él, o, con otras palabras, como la nube del ego no está ya más ahí para ocultar a Dios, que todas sus intenciones se concretan. Es entonces un hombre de "buena voluntad" (Satya Sankalpa, literalmente: verdadera voluntad). Dios irradia directamente a través de él, en quién no hay tinieblas. Él es el único que conoce la Intención divina tal como Ella es. Dios efectúa a través de él el objetivo de Su creación. Todas las acciones son la obra de Dios.

7. A la pregunta de ¿No existe al menos una de esas personas de buena voluntad (o de verdadera voluntad)? ¿Por qué el mundo no recibe de ella todas las bendiciones?, se debe decir que hay un secreto en todo esto: los Sabios que saben que todas las acciones son la obra de Dios, se consagran a hacerlo saber a los demás: no hay bien más precioso que este conocimiento: las acciones son la obra de Dios, no la nuestra. Este conocimiento contiene en sí todas las bendiciones. Es por eso que la intención de los Sabios es el aclarar a los demás con la ayuda de su conocimiento de Dios y Sus acciones. Ellos no dicen: "¡conoce a Dios ya mismo!", sino que enseñan las vías y los medios del conocimiento, y animan a las personas a seguir el recto camino. Eso es todo. Ellos no dicen: "¡libérate ahora mismo!", puesto que el común de los mortales es incapaz de ello. Los Sabios no le ordenan a Dios que libere inmediatamente a las personas, puesto que ellos están desprovistos de ego y saben que "Dios sabe lo que tiene que hacer, y lo hace"; ¿Qué podría yo pedirle de más?. Así, ellos desean solamente hacer su deber, sin recoger sus frutos. Ellos han comprendido que solo Dios distribuye los frutos de las acciones. Observan simplemente el desarrollo de las cosas en el mundo, juegan su papel, y no sueñan nunca con recrear un mundo a su medida, lo cual no sería mas que una forma de egoísmo. La creación es exactamente como debe de ser. Todo está en orden. Todas las acciones son la obra de Dios.

8. Sabiendo que sus actos están subordinados al Poder Divino, ¿Cómo podrían ellos actuar de mala gana?. No, no pueden ni siquiera pensar en ello. Ellos harán su trabajo como un deber. Las escrituras dicen: "haz el trabajo pero no pienses en sus frutos". Por lo mismo que la cólera escapa inconscientemente al control de un hombre, incluso si está decidido a permanecer en calma, por lo mismo los Sabios con intención verdadera (Satya Sankalpa) pueden ser impactados por las injusticias aparentes del mundo, y pensar sin darse cuenta: "Dios, ¡haz que sobrevenga el bien!. Entonces, eso se producirá ciertamente, y es eso lo que explica los acontecimientos extraordinarios en el mundo. Los grandes trastornos son el resultado de un deseo oculto en la mente de un Sabio. Es la ley de la naturaleza. ¿Quién puede cambiarla?. Todas las acciones son la obra de Dios.

9. Cualquier cosa que ocurra, está en el orden natural de las cosas. Por lo tanto, es justo. Todo lo que ocurre, ocurre por Su acción. En este sentido, no es erróneo pensar que "es Él, el que hace robar al ladrón", ya que, a la hora de la condena, es también Él, el que hace sufrir al ladrón por su delito. Ni más ni menos. No debería haber hostilidad hacia el ladrón. Es así el fruto del conocimiento de que todas las acciones son la obra de Dios. Pero incluso si no hay rencor hacia el ladrón, nuestro rechazo hacia el acto de robar, permanece. Eso es también el resultado de nuestro conocimiento de que todas las acciones son la obra de Dios. ¿Cómo?. Porque al ladrón mismo no le gusta el robo: ¿se quedaría tan tranquilo si sus bienes fueran robados por otro?. No, desde luego. Nadie ignora que el bien es bueno, y el mal es malo. Es por esto que el conocimiento de que todas las acciones son la obra de Dios, es lo que puede suscitar una conducta recta en el mundo. Nuestro conocimiento se extiende más allá. Nosotros no podemos repetir mas que aquello que conocemos, y no podemos inquietarnos de aquello que sobrepasa nuestro conocimiento. Eso también es la obra de Dios.

10. Entre los frutos del conocimiento que Dios nos da, está aquel que nos enseña que todas las acciones son Su obra. Nuestra impotencia nos lleva a preguntar: ¿Dios mío, por qué actúas así?. Todas las religiones admiten este mismo estado de impotencia. Es porque los frutos de nuestros actos no corresponden a nuestros deseos, en otras palabras, porque nuestros poderes son limitados, que nosotros no podemos mas que agachar la cabeza, y constatar que todas las acciones son la obra de Dios.
Esta ley que nos gobierna, se aplica también a los objetos inanimados. Nosotros no somos más agraciados que ellos. TODO ES UNO. Aquellos que no admiten que todas las acciones son la obra de Dios, no pueden mas que reconocer sus propios límites. Incluso eso es la obra de Dios.



ELLÂM ONRU, Srî Râmana Maharshi (1879-1950), lo citaba y lo recomendaba a menudo, el texto corresponde a la versión REVISADA publicada en la web de Javier ROU "KALI YUGA"

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